Aunque
el desempleo general se mantiene bajo, golpea fuertemente a sectores
vulnerables del mercado laboral. En el grupo de mujeres de entre 18 y
24 años sólo una de cada cuatro tiene un empleo. Esa proporción es
todavía menor en los sectores más bajos de la población.
El
desempleo parece no ser un problema en el mercado laboral argentino.
Con porcentajes de solamente un dígito desde hace muchos años y
tocando el piso del período posconvertibilidad en los últimos
trimestres, todos coincidían en que había que concentrarse ya no en
la falta de empleo, sino en la calidad del empleo disponible. Aunque
en parte esa afirmación es correcta, también es cierto que hay
sectores vulnerables del mercado laboral que siguen encontrando en el
desempleo su problema principal.
La
juventud suele ser un sector castigado por el mercado. Con
dificultades para insertarse y hacer sus primeros pasos en el mundo
laboral, los jóvenes suelen sufrir de manera más cruenta las
dificultades que presenta cada etapa.
Para
graficar las particularidades que se viven desde la juventud sólo es
necesario mencionar algunas cifras relevadas por el Instituto para el
Desarrollo Social Argentino (IDESA) basado en la Encuesta Permanente
de Hogares (EPH) que realiza el INDEC. Mientras que la tasa de empleo
general en la población en edad de trabajar es de 63%, la tasa de
empleo de los jóvenes entre 18 y 24 años apenas alcanza al 33%.
Esto quiere decir que el nivel de empleo de la juventud es 48% menor
que el nivel general que presenta en mercado laboral.
Ahora
bien, si incluimos la variable sexo en nuestro análisis, nos
topamos con cifras preocupantes. La tasa de empleo de mujeres jóvenes
(entre 18 y 24 años) sólo alcanza el 24%. Por lo tanto sólo 1
de cada 4 mujeres jóvenes acceden a un empleo.
Aunque
la discriminación laboral hacia las mujeres se puede
visibilizar transversalmente en todo el mercado, en la juventud toma
una intensidad alarmante. La falta de políticas activas de
fomento de empleo para el sector aportan a esta tendencia del
mercado. Por omisión se potencia lo inmanente.
Cabe
mencionar que en los estratos socioeconómicos más bajos el número
de mujeres que acceden a un empleo es todavía más bajo. Entre los
factores determinantes de este fenómeno encontramos la falta de
conclusión de los estudios básicos, las presiones o imposiciones
familiares para que se responsabilicen de las tareas domésticas y
los embarazos tempranos.
El
recientemente lanzado Plan PROGRESAR en parte busca paliar esta
situación. Recordemos que su objetivo es que los jóvenes de entre
18 y 24 que no trabajan, trabajan informalmente o tienen un
salario menor al mínimo vital y móvil y su grupo familiar posee
iguales condiciones, puedan iniciar o completar sus estudios en
cualquier nivel educativo a cambio de percibir una prestación
económica de $600 mensuales.
Todavía
es incipiente la implementación de la medida, por lo que todavía no
se puede realizar una evaluación de su impacto, pero queda claro que
no será suficiente. Hay que desarrollar más políticas públicas
enfocadas en aquellos que el mercado laboral excluye.
Las
mujeres y especialmente las jóvenes, todavía siguen padeciendo
discriminación laboral y es necesario regular el mercado para poder
resolver el problema que se eterniza a pesar de los cambios de
etapas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario